Liderazgo, inteligencia emocional y motivación_3

En la segunda parte de este artículo nos pusimos en contacto con la inteligencia emocional, tan necesaria para que la persona que ejerce el liderazgo pueda motivar a los demás y también motivarse. Es hora ya de hablar de motivación.

LiderazgoUn don, un talento, es aquello que hacemos sin esfuerzo, con ilusión, sin mirar el reloj y con muchas ganas. Eso que sentimos al hacer esa actividad, esa energía, esas ganas, es la motivación.

La definición de motivación es muy simple, pero al mismo tiempo, muy completa. Según la RAE es: “conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona”. Los factores internos son los recursos personales que ponemos para estar motivados. Los factores externos responden a la motivación que recibimos de otras personas.

Una curiosidad: las estadísticas hablan de que aproximadamente un 80% de las personas no son felices en su trabajo y, ante esta situación, solo la mitad de las empresas hace algo para mejorar la motivación de sus trabajadores…

La motivación debe de ser una conducta permanente, que quien ejerce el liderazgo tendrá siempre presente como objetivo. Es necesaria en todos los niveles de la empresa/equipo: a nivel individual, entre compañeros, entre la Dirección y sus colaboradores…

Que todos los empleados/miembros de la empresa/equipo empiecen la jornada laboral motivados, debe ser nuestra seña de identidad y se debe transmitir por parte de todos los que componen el equipo, para que esta actitud positiva hacia el trabajo o las obligaciones familiares sea percibida externamente por todo el entorno que nos rodea.

Es necesario que la motivación en el trabajo, ya sea la que le nace a cada uno espontáneamente, como la que se genera por una serie de causas exógenas, sobre todo la que corresponde a la de un ambiente de trabajo/colaboración apropiado, esté interiorizada por todos y aflore en el quehacer diario, de tal manera que sea fácil detectar aquella persona que no está motivada: aquel que se queja, que trabaja sin ganas, que hace de la protesta su actitud cotidiana, etc., para analizar el por qué ha llegado a ese estado y ponerle remedio cuanto antes. El desánimo y la no motivación se contagian demasiado rápido, mucho más de lo que se tarda en contagiar la motivación para mantener a un equipo feliz y con ganas de trabajar.

La motivación en el trabajo se genera internamente en cada uno y externamente cuando es otro quien nos motiva. Veamos cómo:

  1. Desde un punto de vista propio, interno y personal, podemos crear una actitud motivadora con recursos como: tener claros los objetivos; quejarnos menos y actuar más; debemos felicitar a los miembros del equipo cuando celebren la consecución de sus objetivos, contribuyan a un buen ambiente de trabajo a su alrededor y cuando no ven los cambios como una amenaza sino como una oportunidad.
  1. Desde un punto de vista externo, normalmente desde la persona responsable del equipo, una actitud motivadora cuenta con los siguientes factores: favorecer el crecimiento personal y profesional de los miembros del equipo; que los miembros del equipo se sientan parte importante del mismo, siendo partícipes de algunas decisiones para las que estén informados y capacitados y guiarse por una filosofía de valores tradicionales (respeto a la legalidad, respeto a las personas, animales y medio ambiente, respeto en el entorno profesional, respeto por el trabajo bien hecho y la calidad de los servicios y de los productos, etc.)

Existe, sin embargo, una herramienta única, en manos de la persona responsable y/o que ejerce el liderazgo del equipo a su cargo, que reúne todos los recursos de la motivación, tanto los internos como los externos y esta herramienta es el ejemplo. Todos entendemos la frase hecha “dar ejemplo” y es a lo que nos referimos. Si la Dirección no da ejemplo, de poco puede valer todo lo que hemos mencionado anteriormente. El ser humano necesita el ejemplo de otros para mantener su propia motivación. Una Buena Dirección no tendría credibilidad alguna sin exigiera a los demás cualquier cosa que él mismo no pusiera en práctica. Si la Dirección no da ejemplo con su horario de trabajo, vacaciones, en definitiva, con sus responsabilidades, las permanente tensiones reivindicativas en la empresa la podrían terminar llevando al caos.

La cualidad absoluta de dar ejemplo la tiene la Buena Dirección, puesto que carece de contacto diario con quien lo motive en el día a día, de ahí la frase: “la soledad del líder”… Pero sí necesita que su equipo trabaje motivado, se le tiene que percibir animado y convencido de lo que hace para conseguir que a sus colaboradores les resulte fácil tener la misma actitud y poderla transmitir al colectivo en su totalidad.

Una Dirección que da ejemplo ejerce su liderazgo de manera fuerte, creíble, respetada y humana porque una Dirección que da ejemplo contribuye a:

  • Ayudar a que todos tengan definidos sus objetivos en el trabajo desde su responsabilidad y con firmeza.
  • No caer ni dejar caer a los demás en la queja, sino animarlos a poner soluciones mediante procedimientos u otras vías que él mismo propone.
  • Felicitar y celebrar el desempeño de todo el colectivo cuando se consiguen los objetivos.
  • Favorecer un ambiente de trabajo seguro y agradable pero también responsable y de esfuerzo.
  • Aceptar los cambios, incluso anticiparlos si es posible, y aprovecharlos para crear una ventaja competitiva de la empresa.
  • Integrar acciones formativas para todo el colectivo de la empresa, ya sea de forma obligatoria o voluntaria.
  • Actuar dentro de la más absoluta legalidad y respeto. Cuando se percibe claramente que el Director toma como valores fundamentales aquellos valores con los que se identifica la mayoría social, es mucho más fácil que todos se alineen bajo esos valores. Cuanto más de acuerdo están los miembros del equipo con los valores y la filosofía de la empresa, más difícil es que éstos caigan en el desánimo y la desmotivación.
  • Ser flexible analizando cada caso de manera individual y con el sentido de justicia.

Es necesario promover la motivación en el trabajo porque está demostrado que cuando se inicia el día con estado de ánimo positivo: el rendimiento individual y colectivo es mayor; la imagen de la empresa de cara al exterior está fortalecida; aumenta la productividad; disminuye considerablemente el absentismo laboral; aumenta el compromiso de los trabajadores y hay una menor rotación de personal.

Este artículo es una parte resumida de los contenidos que he desarrollado en mi programa Coaching Ejecutivo-Directivo, con especial atención hacia la empresa industrial, y que es de mi propiedad intelectual.

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