Con talento

Recientemente acudí a un evento de mujeres emprendedoras que se denominó “Desayunos con talento”. Puedes leer sobre ese día aquí y aquí. Fue un momento especial de mi vida personal y profesional, donde más allá de talento, mi visión del trabajo y también de la vida, se enriquecieron con diferentes aportaciones de las participantes: valiosas historias de conocimiento, superación, esfuerzo y humanidad.

En la actualidad se habla mucho de “talento” y de “retener el talento” en el mundo empresarial. En mis propios contenidos para tratar con las empresas, abordamos el tema del talento. Siento cariño por este concepto, y todo  lo positivo que engloba, ya que mi primera conferencia se llamó “Liderar mediante la motivación y la inteligencia emocional: todos tenemos un talento que compartir con el mundo”. Fue además cuando supe que quería ser Coach Ejecutivo-Empresarial y Personal y desde donde nació la motivación para buscar una buena formación y terminarla en tiempo récord. Escribí acerca de esto aquí (en inglés).

Pero ¿sabemos exactamente qué es el talento? ¿Sabemos cuántos tipos hay, cómo captarlo, retenerlo y distinguirlo de otra cosa? En los últimos tiempos el concepto de talento, incorporado al mundo empresarial, está adquiriendo una dimensión transversal, ya que no se limita a ningún área en concreto ni a ningún peldaño de la escala jerárquica.

Tradicionalmente, cuando pensábamos en el concepto talento, nos venía a la mente algo así como la habilidad innata para hacer fácil a los ojos de los demás una tarea complicada, y normalmente vinculado a disciplinas clásicas: la música, el ballet, la pintura, las matemáticas… No en vano, la RAE define el talento como “inteligencia” en su primera acepción y “aptitud” como segunda.

En el mundo de la empresa, se conserva el sentido de su definición, ya que tener talento viene a ser “tener habilidad y destreza” para desempeñar las funciones propias del puesto de trabajo. De aquí su transversalidad: se puede tener talento para atender al público o trabajar en el almacén como se puede tenerlo para la Dirección Comercial de la empresa. Todas las personas tienen un talento y todas las empresas se pueden beneficiar de ello.

Para empezar, es fundamental orientar el modelo de gestión de la empresa hacia un modelo por competencias: tener una buena formación y experiencia está muy bien, pero es aún mejor tener la competencias, desarrollarlas o querer aprenderlas para desempeñar las funciones inherentes a nuestro puesto de trabajo. Es un hecho que las empresas con éxito suelen contar en su seno con un gran talento individual y colectivo.

El talento individual es el que tienen aquellas personas que hacen lo mismo que los demás pero mejor, con algo distinto y novedoso que no siempre es fácil definir, de ahí la dificultad de medir el talento individual, pues es intangible y difícilmente evaluable en el corto y medio plazo. Sin embargo, a largo plazo es más fácil de medir, cuando se puede establecer una relación entre buenos resultados y talento.

Sin embargo, el talento colectivo en la empresa es medible a medio plazo ya que el talento colectivo no es la suma de varios talentos individuales sino que es el resultado más eficaz y más eficiente del trabajo en equipo.

Si la empresa no cuenta con una Dirección formada en Coaching puede tener dificultades para contar con talento colectivo dentro de la empresa ya que, aunque el talento individual es intangible, es la implantación de programas para gestionar el talento colectivo la herramienta para atraer a la empresa personas con talento. Es decir, trabajar en la construcción de un equipo con talento colectivo, que trabaje de manera cohesionada, nos proporciona la información necesaria sobre qué personas con talento individual y con qué formación, experiencia y competencias tenemos que incorporar a la empresa.

Los programas para gestionar el talento dentro de la empresa requieren fundamentalmente el apoyo de la Dirección, el trabajo de un Coach Ejecutivo Empresarial y, a ser posible, un buen clima laboral previo: esto último facilita y acorta el proceso de implantanción de los programas de gestión del talento. Las fases de este proceso, de una manera muy esquemática son:

  • Definir el alcance del programa de gestión del talento.
  • Atraer a las personas necesarias.
  • Definir los criterios de evaluación del programa.
  • Desarrollar el programa.
  • Mantener el programa para poder evaluarlo y modificarlo si fuera necesario.

Según D. Ulrich (1997) el talento individual, del que se nutre el talento colectivo dentro de la empresa, responde a la ecuación de capacidad por compromiso. La capacidad es la experiencia, la formación y las competencias de la persona; el compromiso es sus ganas de poner lo anterior a disposición del desempeño de sus funciones profesionales. Esta ecuación en la actividad diaria, supone que en la empresa, las personas con talento saben hacer las cosas (conocimientos), pueden hacerlas (siguiendo los criterios de la Dirección) y quieren hacerlo (su compromiso con la empresa).

Por lo tanto, el talento individual tiene tres niveles: uno básico que se corresponde con la experiencia y conocimientos; uno intermedio que se corresponde con las competencias y un nivel superior que se corresponde con los valores de la persona. Con lo cual, para retener el talento dentro de la empresa y que sume en la ecuación del talento colectivo es necesario que exista transparencia y coherencia en la empresa en cuanto a su gestión del talento para aumentar el sentido de pertenencia (el compromiso) de aquellos que tienen un talento individual y que conforman el tan necesario talento colectivo.

Cualquier empresa se puede beneficiar de contar con un programa de gestión del talento adaptado a sus posibilidades. Buscando el talento colectivo, que como dijimos es el resultado de un buen trabajo en equipo, la empresa encontrará el talento individual y un beneficio doble y mutuo. No cabe duda de que merece la pena y la participación de un Coach Ejecutivo Empresarial es imprescindible para ello.

Este artículo es una parte resumida de los contenidos que he desarrollado en mi programa Coaching Ejecutivo-Directivo, con especial atención hacia la empresa industrial, y que es de mi propiedad intelectual.

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