Su organización: ¿cómo es?

Usted dirige una empresa o es el dueño de su negocio. Puede que sea un mando intermedio con alto grado de autonomía sobre su equipo de trabajo y área de competencias. Si le pregunto cómo es su organización probablemente respondería de esta manera:

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“Mi empresa es una organización formal bajo la forma jurídica de S.L. (o la que sea) cuyo objeto social es X (el que sea) para lo cual hay que cumplir los siguientes objetivos (los que sean). Para cumplir lo anterior cuento con este equipo humano, organizado jerárquicamente de esta manera”. Probablemente su organización será centralizada y dependiente de un ápice estratégico en la cúspide de su organigrama. Puede que me diga que su organigrama es muy complejo vertical (por muchos niveles jerárquicos) y horizontalmente (por muchos departamentos) y que a medida que su empresa ha ido creciendo, esta complejidad ha ido aumentando. En resumen, usted haría una definición de la empresa como estructura.

Pero posiblemente, dedicaría poco o ningún espacio a definir su organización como un grupo de personas unidas por el mismo objetivo. En el artículo Con talento mencionamos que las empresas con más éxito suele contar con talento individual y colectivo en su seno. Es importante no perder de vista que la empresa actual produce cambios e influencias en nuestra sociedad: modificaciones de horarios, de costumbres, de hábitos… Por ello, en la actualidad, en la cultura empresarial se está desarrollando la figura del Coach Ejecutivo-Empresarial que ayude, por un lado, a definir cómo es el equipo humano de la empresa, cómo quiero que sea y qué debo hacer para conseguirlo, y por otro lado, formar al Directivo como Directivo Coach para mantener el trabajo que ha finalizado un Coach Ejecutivo-Empresarial.

Es posible que desconozca usted cómo es su estilo de liderazgo y dirección; cómo le perciben sus empleados en contraposición a cómo usted le gustaría ser percibido; qué conflictos existen sin que usted lo sepa y que afectan a la buena marcha de la empresa… Son muy variados y diversos los aspectos que pueden salir a la superficie con el trabajo de un Coach Ejecutivo-Empresarial, y siendo la empresa un sistema que se pretende duradero en el tiempo, qué mejor que favorecer el cambio con un Coach Ejecutivo-Empresarial como agente.

Si yo le hiciera la misma pregunta que al principio después de un proceso de Coaching Ejecutivo-Empresarial en su organización probablemente su discurso sería diferente, más rico en matices. Haría usted una descripción de la estructura pero continuaría describiendo la parte humana, podríamos decir incluso informal, de su empresa. Puede que me dijera que en el pasado su estilo de liderazgo era coercitivo, donde daba muchas órdenes directas ejerciendo un excesivo control sobre las personas desde su posición jerárquica. En un principio le iba bien, pero con el desarrollo de su actividad y el aumento de la complejidad de tareas dejó de funcionar. Continuaría con que fue difícil enfrentarse a su propia sombra para ser consciente de sus defectos pero que gracias a eso su estilo actual de liderazgo es orientativo y participativo pero en situaciones de crisis puede adoptar un estilo más adecuado como puede ser el coercitivo moderado. Puede que me relate que antes usted se encargaba de demasiadas tareas en demasiadas áreas, pero que un cambio de estilo de liderazgo contribuyó positivamente a reducir su carga de trabajo. Esto lo consiguió gracias a que su cambio de liderazgo promovió un cambio de actitud y desempeño en sus empleados lo que le llevó a poder delegar eficaz y eficientemente numerosas tareas.

Aunque un Coach Ejecutivo-Empresarial diseñe las fases de su trabajo de una manera precisa y clara, la evolución del propio proceso puede modificar el contenido y duración de cada fase. El cambio es tan vivo como la vida misma; su organización no es ajena a esto.

Por ejemplo, una Primera Fase podría ser la fase de análisis de la filosofía de su organización y si los comportamientos individuales y colectivos responden a la filosofía empresarial deseada o no: ¿está orientada, de verdad, la empresa hacia el cliente? ¿soy justo con los empleados, los valoro convenientemente?

En una Segunda Fase, haríamos el trabajo con el equipo, con todas las personas de la empresa o únicamente con los directivos y mandos intermedios (cada caso es único y diferente). Recabaríamos la siguiente información: ¿cuál debe ser nuestra competencia fundamental? ¿qué comportamientos tenemos? ¿cuáles queremos tener? ¿qué entorno necesitamos para lo anterior?

En una Tercera Fase, podríamos tener identificados los objetivos a cumplir, tanto a nivel individual de cada directivo o mando intermedio, como colectivo, por equipos de trabajo. Más que objetivos, podemos llamarlo valores, puesto que ya en esta fase definimos, y también trabajamos, en su nueva filosofía de empresa.

En la Cuarta Fase pondríamos los medios necesarios para favorecer el cambio, para convertir los valores deseados en los valores reales de su organización. Estamos delante del Plan de Acción. Sus áreas de mejora, a veces mal llamadas debilidades, se convirtieron en sus fortalezas. La vulnerabilidad inicial que sintió cuando se enfrentó a su sombra, es decir, a las opiniones que los demás tenían de usted y que, para colmo, eran diversas y contradictorias en ocasiones, se había convertido en el impulso para convertirse en el líder que siempre había deseado ser.

En la Quinta Fase (y última), después de un periodo de aplicación del Plan de Acción suficiente y necesario, estamos en la fase de evaluación, comparando la “foto” de su organización antes del proceso de Coaching Ejecutivo-Empresarial con la “foto” actual, teniendo a la vista y muy presentes los objetivos alcanzados, los valores que guían a la organización y a sus empleados, los métodos utilizados en el Plan de Acción y los métodos instalados para su evaluación continua.

Probablemente, a mi pregunta inicial sobre cómo es su organización terminaría diciéndome que se siente plenamente orgulloso de la organización que construye cada día con sus empleados: está completamente seguro de que su organización ya no ahoga sino que libera a todas las personas que la componen porque se valora la aportación personal de cada uno, se delega con la confianza de la autonomía dada, se trabaja en equipo, se escucha a todos y se fomenta la participación. También me contaría que gracias a lo anterior ha mejorado su visión empresarial, que su cliente ha notado la orientación hacia la calidad del servicio, su organización funciona como un equipo no como un grupo de personas, donde por fin el compromiso de todos sus componentes es absoluto.

Quizás después de leer este artículo comenzará a pensar en que los servicios de un Coach Ejecutivo-Empresarial será una buena inversión para usted, su negocio y las personas que lo conforman. Si es así, he cumplido mi objetivo.

Este artículo es un resumen de los contenidos que he desarrollado en mi programa Coaching Ejecutivo-Empresarial, con especial atención hacia la empresa industrial, y que es de mi propiedad intelectual.

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